La flotación del bebé: seguridad, placer y relajación.

February 28, 2018

Al nacer...

 

El conocimiento de su propio cuerpo es uno de los primeros retos con los que se encuentra el bebé. En compañía de la mirada y la confianza de su vínculo afectivo, sentirá el interés y el placer de conocer su cuerpo para después poder explorar con él el mundo que le rodea.

 

¿Qué significa que pueda flotar en el agua?

 

La flotación del bebé en el agua es aquella posición que le permite estar boca arriba de manera autónoma, sin necesitar o necesitando poco sustento de un adulto o de otros materiales y/o objetos.

Para hacernos una idea, la habilidad de flotar en el agua es como la de ir en bici. Empezamos siempre con el apoyo de ruedas supletorias, luego es el adulto quien nos sujeta el sillín para, poco a poco, con la práctica repetida y placentera, ir soltándonos hasta mantener el equilibrio en la bicicleta.

 

Por lo tanto, la flotación del bebé es equilibrio, es control postural, es relajación, confianza y seguridad en uno mismo, entre otras cosas.

 

¿Cuándo es el momento idóneo para flotar?

 

Pensemos en las posiciones del bebé fuera del agua, en qué momento de su desarrollo está y en qué posiciones empieza a tener más interés. Si permanece gran parte de su tiempo en la posición de tumbado boca arriba, le resultará más familiar la posición de la flotación, no tendrá especial interés en voltear boca abajo pues su visión del mundo es aún sobre esta postura.

 

Emmi Pikler (1966), pediatra e investigadora del desarrollo motor del niño y de la intervención del adulto en el mismo, realizó varios estudios en el Instituto metodológico "Loczy" de Budapest sobre la evolución del ritmo del desarrollo motor basada en los promedios de edad d aparición de los estadios del desarrollo motor.

 

Suriol, N. (2013) afirma en su libro que "entre los cuatro y los seis meses es la mejor edad para que vuestro bebé empiece a reconocer la flotación y aprenda a flotar". “La flotación es un juego de equilibrio y concentración. No debemos perder el contacto visual y, poco a poco, disminuiremos la sujeción, pasando de la mano completa a la yema de los dedos hasta que nos veamos capaces de soltarlo unos segundos".

 

 

La seguridad y la relajación. Estas son las bases que le permitirán sentir que está en un ambiente en el que puede seguir conociendo y explorando su cuerpo en las mismas posiciones que lo hace en el suelo: boca arriba, flotando.

 

El bebé recibe información que le envía el agua de su propio cuerpo, estando en contacto  con su piel, envuelta en un mismo espacio, estimulada por el movimiento que ejerce el agua como respuesta a sus desplazamientos y al de su madre/padre.

 

 

La flotación del bebé depende, en definitiva, de nuestra capacidad para conquistarle desde la escucha, la comprensión y la respuesta a sus demandas. Nuestra capacidad de adaptación y ajuste vuelve a ser de vital importancia para la experiencia acuática que vamos a vivir juntos.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Suriol Puigvert, N. (2013). ¡Bebés al agua! Jugar, flotar, nadar. Barcelona: Luciérnaga.

 

Pikler, E. (1969). Moverse en Libertad. Desarrollo de la Motricidad Global. Madrid: Narcea.

 

 

 

 

 

 

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